Domingo III de Adviento. Ciclo A. (12/12/2010)

El Domingo de la Alegría
Lo dicen la antífona de entrada de la misa de este III Domingo de Adviento: “Estad alegres, estad siempre alegres…” Y es un mensaje formidable para este tiempo de Adviento; inscrito, sobre todo, en una época de grandes dificultades de todo tipo, comenzando por las económicas. Pero la esperanza es ingrediente fundamental del cristiano y el amor forma parte de la Naturaleza de Dios y, por ello, esperanza y amor deben llenar nuestras vidas. Hemos de reaccionar con alegría a los malos tiempos y socorrer con presteza a esos hermanos nuestros que tanto nos necesitan, hoy más que nunca.


MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a este III Domingo de Adviento, el Domingo de la Alegría. Desde hace muchos siglos la Iglesia comienza esta celebración con este canto esperanzado y alegre que procede la antífona de entrada: “Estad Alegres…”. Y la frase procede de la Carta de San Pablo a los filipenses. En fin, que vamos completando el tiempo de Adviento y que el próximo domingo ya será el cuarto y último domingo, para dar paso luego a la Navidad. Pues que estemos siempre alegres y esperanzados en todo este tiempo que nos falta para el Nacimiento del Niño Dios. Y que lo aprovechemos para convertirnos más al Señor, para mejorar nuestras vidas y busquemos la felicidad de nuestros hermanos.


LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 11, 2- 11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos:

- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió:

- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio del Domingo.


Al mundo le sobran esperas y le falta esperanza. Todos andamos esperando algo: que la situación laboral mejore, que podamos llegar a fin de mes con más desahogo, que un proyecto tenga éxito, que no surjan obstáculos imprevistos o dificultades temidas… El clima de todas estas esperas es la preocupación, la ansiedad. Ponemos todo (o casi todo) de nuestra parte y deseamos que las cosas salgan bien, resignados con cierto fatalismo a los posibles reveses. “¡Qué le vamos a hacer, mala suerte!” Ocupados en tanta espera, en realidad nos conformamos con demasiado poco. Las ilusiones se suceden unas a otras y la vida se va escapando al ritmo frenético de las situaciones pasajeras.

No es extraño que muchos sean miopes para la gran esperanza, que acaba por no interesarles en absoluto. No es extraño que, a muchos que andan demasiado atareados por sus pequeñas esperas, la persona de Jesucristo les parezca insignificante, que no tenga nada que decir en sus vidas, que su propuesta les resulte incluso algo escandaloso.

A Juan el Bautista la persona de Jesús no le pasó desapercibida. Juan personifica la esperanza del pueblo de la primera alianza, que alcanza su cumplimiento en la llegada del Mesías. Pero ¿cómo saber que la espera ha terminado?, ¿cómo reconocer al Mesías prometido? Juan se sitúa en la línea de los profetas, pero es “más que profeta”: a él se le ha confiado la misión, no ya sólo de anunciar, sino de “preparar el camino” y, finalmente, señalar entre los hombres al Ungido que Israel esperaba. Ante la probabilidad de su muerte, Juan necesita una señal de que su misión no ha sido en vano. Vive sus últimos días en la cárcel y sus discípulos ignoran si deben continuar su misma tarea.

A partir de la llegada de Jesús, ya a todos se nos abre esta nueva presencia que es Buena Noticia para los pobres, ya todos podemos percibir y señalar a otros que Dios ha reclamado su lugar en el mundo, que ha empezado a reinar y que ha llegado para todos la luz, la salud, la vida. Juan se alegró, aun en medio de su situación dramática. Nosotros ¿a qué estamos esperando?
Francisco Castro Pérez, sacerdote




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