El Pastor Misionero que da la vida por sus ovejas.

Un pastor es una persona que se dedica a guiar y cuidar del ganado. Pasa los días en el monte llevando al rebaño de un lugar a otro para encontrar los mejores pastos y protegiendo a las ovejas del ataque de otros animales.

Siempre se ha considerado a los pastores como figuras humildes, sencillas, buenas y protectoras; los mejores guías para sus rebaños. Y aunque el pastoreo, a día de hoy, no es una profesión muy extendida, se practica desde antiguo.

Ya Jesús los utilizaba como ejemplo:  “Yo soy el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Conozco a mis ovejas y ellas me conocen y me siguen” -nos dijo-.  Él es nuestro Pastor, el primero y más importante, pero quiso dejar a su Iglesia muchos más pastores: los sacerdotes. Cada uno de ellos -empezando por el Papa Francisco- ha recibido la misión de guiar y cuidar de su rebaño, o sea, de cada uno de nosotros. Hoy queremos presentaros a uno muy especial: Don Anastasio Gil, el “pastor misionero”.

Desde hace 19 años estaba al frente de las Obras Misionales Pontificias de España. Y aunque nunca marchó como misionero, dedicaba cada minuto de su día a guiar y cuidar sin descanso a los 12.000 misioneros españoles que anuncian a Jesús por todo el mundo.  Les conocía, les visitaba, les ayudaba, los consolaba y los defendía siempre. Además, como jefe del rebaño misionero, organizaba todo para que los españoles nos acordáramos y rezáramos por los misioneros y también les ayudáramos con nuestros donativos.

Como el rebaño misionero es muy grande quizá no llegarais a ver al pastor que nos guiaba. Sin embargo, D. Anastasio conocía muy bien a todas sus ovejas y, por supuesto, también a los pequeños misioneros. Cuando compartía con vosotros fiestas o jornadas misioneras se venía muy arriba. Los niños le llenabais de fuerza y esperanza y confiaba tanto en vuestra misión que trabajó hasta el último día por la Infancia Misionera preparando un gran plan para que los niños conocierais más a Jesús y con Él llegarais a ser aún más misioneros.

Ahora que se ha marchado al Cielo, seguro que hablará con el Buen Pastor. Juntos, seguirán guiándonos para ser misioneros valientes, capaces de acercarnos a Jesús, mirarle con amor, estar con Él y, llenos de alegría, bendecir a Dios diciendo a todo el mundo que le hemos conocido.

Fuente: Revista Gesto

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