Domingo I de Adviento C. "Tiempo de oración, espera y conversión".

Al comenzar, una vez más, el año litúrgico, la Iglesia nos invita a fomentar en nosotros "el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene" en Navidad a convivir con los hombres; ya salir hacia Él "acompaña-dos por las buenas obras".

Estas frases de la liturgia de hoy resumen el significado que el Tiempo de Adviento tiene para todos los cristianos.
Y san Pablo, en la Cárta que hemos leído, explica el porqué: para que "os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre".

En efecto, hemos leído cómo el Señor explica, con figuras y metáforas, los tiempos finales de la  humanidad, cuando El venga "con gran poder y majestad", a juzgar a todos los hombres. Nadie escapará de ese juicio que agitará las conciencias humanas al igual que un insospechado terremoto.

Ante ese Juez, las almas se mostrarán con absoluta claridad, sin excusas para su comportamiento: cada uno responderemos de todos nuestros actos, hasta del más pequeño.

Al avisarnos de todo esto, Jesús no pretende atemorizarnos. Al contrario, quiere suscitar en nosotros  la esperanza. Podría parecer una contradicción; pero sería porque no haber reflexionado  suficientemente sobre la verdad. Tanto la fe como la esperanza miran a la Verdad. Cuanto más  auténtica y universal es una verdad, más agranda nuestra esperanza.

Descansar durante un fin de semana, por ejemplo, puede ser la esperanza de un viernes de trabajo; pero es evidente que se trata de una esperanza pasajera, casi efímera, porque 48 horas transcurren veloces. El hombre necesita algo mucho más grande, para anclar en ello una esperanza que no
caduque con el tiempo, ni se derrumbe ante los obstáculos humanos. ¡Esta es la esperanza del Adviento!

Y esta "esperanza" tiene un nombre concreto: Jesucristo. Por eso la Iglesia nos invita a salir a su encuentro en estas semanas previas a la Navidad. Su venida definitiva será - como hemos dicho- un juicio universal. Ciertamente, será un juicio de misericordia para los que se arrepientan de sus pecados, pero será a la vez un juicio estrictamente justo, sin concesiones a las excusas y razones artificiosas con las que, tantas veces, pretendemos acallar nuestras conciencias.

Precisamente para poder ejercitar esa justicia misericordiosa con todos, Dios se hizo hombre en Jesucristo. Su vida en esta tierra, con la Pasión, Muerte y Resurrección finales, es el camino ideado por Dios mismo para aunar justicia y misericordia.
Preparémonos esmeradamente, desde ahora, para recibir a Cristo en Navidad. Aprovechemos el Adviento -tiempo de oración y conversión- para pedir perdón por nuestros pecados y rectificar lo que haya que rectificar en nuestra vida. Así gozaremos de la esperanza que no defrauda.

Monición de entrada
Queridos hermanos, hoy comenzamos un nuevo año litúrgico. Desde el concilio Vaticano II quedó estructurada la celebración litúrgica de la Palabra de Dios en tres ciclos, A, B y C, correspondientes cada uno a un año eclesiástico. Con el I Domingo de Adviento, hoy comenzamos el ciclo C, con el Evangelio de san Lucas como texto central, complementado con otros del Antiguo Testamento y  Nuevo Testamento que lo hacen más inteligible.

El adviento es tiempo de espera. Las lecturas nos irán preparando domingo a domingo para la llegada del Mesías. Abramos nuestro corazón para recibirle y comencemos esta Misa cantando el canto de entrada. De pie.

Acto penitencial
Hermanos, antes de iniciar estos sagrados misterios, reconozcamos ante el Señor, que somos  pecadores y arrepentidos, pidamos perdón por nuestras faltas:
- Porque muchas veces, nos dejamos atraer por las circunstancias de la vida y nos olvidamos de Dios y los hermanos: Señor ten piedad
- Por la falta de fe y compromiso en nuestra vida cristiana y con tu Iglesia: Señor ten piedad
- Porque muchas veces, nos dejamos invadir por la desconfianza, el desánimo y el temor: Señor ten piedad

Oración colecta
CONCEDE a tus fieles, Dios todopoderoso, el deseo de salir acompañados de buenas obras al  encuentro de Cristo que viene, para que, colocados a su derecha, merezcan poseer el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura del libro de Jeremías. Jer 33, 14-16
YA llegan días —oráculo del Señor—en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquella hora, suscitaré a David un vástago legítimo que hará justicia y derecho en la tierra. En aquellos días se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 24, 4-5a. 8-9. 10 y 14 (R/.: 1b)
V/. A ti, Señor, levanto mi alma.
R/. A ti, Señor, levanto mi alma.
V/. Señor, enséñame tu camino, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.
V/. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R/.
V/. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen, y les da a conocer su alianza. R/.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses. Tes 3, 12-4, 2
HERMANOS: Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos. Por lo demás, hermanos os rogamos y os exhortamos en el Señor Jesús: ya habéis aprendido de nosotros cómo comportarse para agradar a Dios; pues comportaos así y seguid adelante. Pues ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús. Palabra de Dios.

Aleluya Sal 84, 8
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.

✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas. Lc 21, 25-28. 34-36
EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los  hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened  cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las  inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Palabra del Señor. 

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