Domingo de Ramos

A través de los textos el Evangelio asistimos, una vez más, a la Pasión y Muerte de Jesucristo; y dentro de una semana, a su gloriosa Resurrección. Entonces nos llenaremos de gozo y alegría, pero  hoy -Domingo de Ramos- nuestra alegría tiene como horizonte la Cruz dolorosa. Por eso esta fiesta litúrgica tiene un sabor agridulce. Jesús es vitoreado a las puertas de Jerusalén, pero alguno de los que le vitorean quizá pida para Él la crucifixión dentro de cinco días.

Mientras tanto, Jesús hace uso de un borriquillo para efectuar esa entrada gozosa en la ciudad; una cabalgadura símbolo de sencillez, en medio de las aclamaciones del pueblo. Y es notable que el Señor, cuando envía a dos discípulos. Ir? a recoger el borrico, les dice: "Si alguien os pregunta ¿por qué lo desatáis?, contestadle: el Señor lo necesita".

Te preguntarás, por qué es notable esa frase. Resumiendo, te diré que san Josemaría Escrivá se sentía identificado con ese animal, sencillo y austero, que es el borrico; en especial con este que transportó a Jesús sobre sus lomos. También nosotros, cristianos que seguimos de cerca a Jesucristo, podemos seguir su razonamiento y repetir su identificación.

Teniendo en cuenta la misión evangelizadora que Dios y la Iglesia nos encomiendan, nos   aventuramos a pensar que nuestros trabajos, nuestra preocupación por el prójimo, todos los  quehaceres del día.., son esa carga divina que el borrico -tú y yo- llevamos acuestas, como el burro del Evangelio. Quizá nos resulte pesada en algunas ocasiones, pero es el peso de Cristo presente entre los hombres de hoy.

No es un pensamiento gratuito: si alguien os pregunta, decidle: el Señor lo necesita. Esta es la razón, expresada por Cris-tomismo: el Señor nos necesita. No es un capricho personal, o una aventurada imaginación, es una de esas verdades de fondo que dan sentido a nuestra vida entera.

Tú, con tus trabajos, con tus sudores, quizá con tu falta de tiempo, de salud o de medios económicos, eres ese borrico con quien el Señor cuenta para hacerse presente entre los hombres. Si lo has entendido de verdad, con el corazón, esos sudores o esas limitaciones brillarán como joyas delante de Dios; no solo no te quitarán la alegría, sino que, si pudieras suprimirlos de tu vida, probablemente no lo harías, porque sabes que son un apoyo de Dios en este mundo: el Señor lo necesita.
Es maravilloso descubrir que Dios nos necesita. Más exactamente: quiere necesitar de nosotros,  aunque es Omnipotente. "Le hacemos falta tú y yo, ¡y es Dios! Esto nos ha de urgir a ser generosos, en nuestra correspondencia a sus gracias" (Forja 674). Y a llevar con alegría las dificultades que podamos encontrar en la vida, al cumplir este encargo de Dios.


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