Apóstol Santiago, patrono de España.

La llamada de Cristo
 “Astro brillante de España. Apóstol Santiago. Tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros.” El Patrono de España fue uno de los primeros llamados por Jesús al apostolado, y uno de los tres predilectos. El Himno a Santiago, que se canta especialmente en Compostela, lo llama amigo del Señor como uno de sus grandes títulos. El fue el primero de los Apóstoles en derramar su sangre por Cristo; de hecho, es el único cuya muerte se constata en la Sagrada Escritura.

Santiago murió hacia el año 42. Habían pasado casi 20 años desde la llamada del Señor. Su respuesta generosa, en ese momento y hasta el final de su vida, se ve premiada con la elección al apostolado y, después, con abundancia de frutos apostólicos. Él no pudo llegar a ver el alcance de su labor. Pero nosotros sí podemos constatar el resultado de la cristianización de España y desde España a lo largo de los siglos.

Su gran confianza en el Señor queda de manifiesto en el evangelio de la Misa de hoy. Esa petición de los hijos de Zebedeo manifiesta ambición, pero también amor y confianza; y su respuesta, una gran generosidad. Es bueno que también nosotros le pidamos a Jesús que nos conceda estar muy cerca de Él. Entonces, como a Santiago y a Juan, nos animará también a beber su cáliz. Y debemos responder lo mismo que ellos: "¡podemos!" Sabiendo, como Santiago comprobó más tarde, que sólo podría con la ayuda de la gracia, que Cristo nos ganó muriendo en la Cruz.

Recristianizar Europa
El afán apostólico de Santiago le trajo hasta España, que entonces era el finis terrae. Según la tradición de la aparición de la Virgen a orillas del río Ebro, los primeros resultados de su predicación no debieron ser muy alentadores.

Quizá la Virgen le hizo ver los abundantes frutos que produciría su trabajo a lo largo de los siglos. De hecho, durante muchos siglos, la tumba de Santiago en Compostela fue punto de atracción para multitud de peregrinos de toda Europa. Y, en los últimos años, hemos visto renacer, con fuerza nunca vista, esa atracción del sepulcro del Apóstol, extendida ya a personas de todo el mundo.

Pero, a la vez, también somos conscientes del multitudinario alejamiento de Dios que se ha producido sobre todo en Europa. Por eso el Papa Juan Pablo II impulsó una nueva evangelización que hiciera a Europa volver a sus raíces, simbolizadas en la tumba de Santiago en Compostela: Europa, hoy, no debe apelar simplemente a su herencia cristiana anterior; hay que alcanzar de nuevo la capacidad de decidir sobre el futuro de Europa en un encuentro con la persona y el mensaje de Jesucristo. Y unos años antes, desde Santiago de Compostela: He aquí la razón primordial que me ha movido a venir hasta la tumba del Apóstol: anunciar desde aquí que Cristo es y seguirá siendo 'el Camino, la Verdad y la Vida'.

Sobre todos nosotros recae ahora la tarea de continuar o reavivar la labor comenzada por el Apóstol Santiago.

Monición de entrada
Celebramos hoy la solemnidad del apóstol Santiago, nuestro padre en la fe -él nos engendró en Cristo por el Evangelio-. Testigo del Señor Jesús, llegó - según tradición memorable- hasta los últimos confines de la tierra: España, para anunciarnos la Buena Noticia de la salvación.
Él fue el primer apóstol que selló con su sangre la palabra de la fe, durante la persecución de Herodes Agripa en Jerusalén -como luego escucharemos-. Su palabra sigue resonando en nuestros oídos, para que nuestra fe sea firme; nuestra esperanza, viva; nuestra caridad, ardiente.

Acto penitencial
-Tú que enviaste a los apóstoles para anunciarnos el perdón de los pecados, y, por la sucesión apostólica, garantizas a tu Iglesia perdonar en tu nombre: Señor, ten piedad. R.
Cristo, ten piedad. R.
Señor, ten piedad. R.

Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que consagraste los primeros trabajos de los apóstoles con la sangre de Santiago, haz que, por su martirio, sea fortalecida tu Iglesia y, por su patrocinio, España se mantenga fiel a Cristo hasta el final de los tiempos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles. Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2
EN aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado. Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón. Les hicieron comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo: «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre». Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen». Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos. El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 66, 2-3. 5. 7-8 (R/.: 4)
V/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
V/. El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. R/.
V/. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.
V/. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman todos los confines de la tierra. R/.

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 7-15.
Hermanos: Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor

Aleluya
R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
V/. Astro brillante de España, apóstol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros. R/.

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20, 20-28.
En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó: -¿Qué deseas? Ella contestó: -Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Pero Jesús replicó: -No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Contestaron: -Lo somos. El les dijo: -Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre. Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: - Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos. Palabra del Señor. Gloria a Ti, Señor, Jesús.



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