Escribe el Párroco: "Las llaves de San Pedro".

Jesús tenía, en su entorno, y algunos muy cercanos a Él, hombres más influyentes, quizás más inteligentes, quizás mejores... que Pedro, desde el punto de vista humano.

Sin embargo, el Señor se fijó en Simón, el hermano de Andrés, aquel que, junto con Juan, fueron los primeros en descubrir a Jesús, y en estar en la intimidad con El.

A Simón lo constituye fundamento de su Iglesia y el primero entre todos los Apóstoles, que lo reconocieron como primer sucesor de Jesús, y va a ser el centro de la Unidad entre ellos y todos sus sucesores.

Y esto comenzó en Cesárea de Filipo, donde Simón, un pescador de Galilea, va a responder a la pregunta que Jesús les hace a todos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Comparando la respuesta de los demás con la respuesta categórica de Pedro, «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo», el Catecismo explica porque Pedro conoce la identidad de Jesús: “cuando confiesa a Jesús como ‘el Cristo, el Hijo de Dios vivo” Jesús le responde con solemnidad “no te ha revelado esto ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Con esta respuesta Jesús enseña que su identidad solo la conoce el Padre y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Por un designio divino, Pedro ha recibido del cielo esta revelación y está en disposiciones de confesarla.

Así lo explica el Papa Francisco: “Simón Pedro encuentra en su boca palabras más grandes que él, palabras que no vienen de sus capacidades naturales. Quizá él no había estudiado en la escuela, y es capaz de decir estas palabras, ¡más fuertes que él! 

Pero están inspiradas por el Padre celeste, el cual revela al primero de los doce la verdadera identidad de Jesús: Él es el Mesías, el Hijo enviado por Dios para salvar a la humanidad. Y de esta respuesta, Jesús entiende que, gracias a la fe donada por el Padre, hay un fundamento sólido sobre el cual puede construir su comunidad, su Iglesia. Por eso dice a Simón: ‘Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’”.

Igual que en el caso de la Virgen también en la historia de Pedro, Dios escoge un instrumento débil para una misión desproporcionada. La Misión de Pedro es ser primer Papa el Vicario de Cristo, el Cabeza de toda la Iglesia, como lo es ahora papa Francisco.

También a nosotros Dios nos llama a una misión. Dios siempre tiene un plan para cada uno. El plan es intransferible como en Pedro. Ciertamente la Misión es desproporcionada a nuestras fuerzas y a las de Pedro. Sin embargo, en la misión de Pedro y en la nuestra, la victoria está asegurada: “y el poder del infierno no la derrotará”.

A veces nos parece que Cristo esta lejos o nos ha abandonado. Otras, pareciera que el Infierno va a triunfar, sobre todo cuando nos asedian los problemas, cuando surgen las dificultades, cuando por ser fieles al Señor parece que se nos viene el mundo encima. Pero, como siempre podemos constatar que Jesús sigue ahí al mando del timón, sigue dominando sobre los vientos y tempestades. La promesa que Cristo hizo a Pedro en Cesarea de Filipo sigue cumpliéndose hoy igual que ayer en el Papa Francisco. A pesar de las innumerables dificultades que la Iglesia ha tenido, nunca ha prevalecido sobre ella el poder del maligno.

+Monseñor Don Samuel G. T.

Párroco de San Ginés de Padriñán


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