Escribe el Párroco: "Amor la palanca del mundo".

Hoy, nos recuerda la Iglesia un resumen de nuestra “actitud de vida” («De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas»: Mt 22,40). San Mateo y San Marcos lo ponen en labios de Jesucristo. Siempre en forma de diálogo. Probablemente le harían al Señor varias veces preguntas similares. Jesús responde con el comienzo del Shemá (She-ma yisrael, adonai eloheinu, adonai ejad...):

Escribe el Párroco: "A cada uno lo suyo".

El emperador de Roma, exigía a los súbditos que desde los 14 a los 65, pagaran un impuesto personal, al erario publico, de un denario anual. Era el tributum capitis (tributo por cabeza) para el que se hacían los odiosos censos que provocaban a veces revueltas. Hacer un recuento del número de personas que pertenecen a Dios, equivalía para el israelita piadoso substraerlas a la autoridad del Señor y a someterlas a un poder humano.

Escribe el Párroco: "¡Cómo Mola! Dios nos llama a cada uno".

Al leer detenidamente la parábola que el Señor propone a los lideres del pueblo de Israel, descubrimos que esta es mas que una historia sobre un rey y un banquete de bodas. Lo que esta en el fondo, es la historia de la salvación, que no solamente se refiere a la historia anterior a Cristo sino también después y hasta el fin de los siglos. Dios, enamorado del hombre, intenta atraerlo a la salvación enviándole profetas y santos, o en nuestro caso evangelizadores y pastores, y se repite la respuesta en ambos casos: la buena Nueva de la salvación es rechazada por unos y aceptada por otros.

Escribe el Párroco: "Vinos buenos y añejos: nuestras buenas obras".

En nuestra sociedad, hoy, se vuelve a repetir el pecado de Adán y Eva: la búsqueda del placer, cueste lo que cueste, ser independiente sin ninguna responsabilidad, ni relación a los demás: Querer ser como Dios. Una gran parte de nuestra sociedad piensa que la felicidad se encuentra en olvidarse de los problemas de nuestra vida y vivir como si no existieran. Se puede resumir en: placeres, amor propio, independencia.

Escribe el Párroco: "Menos cuento y más sustancia"

En el Evangelio de hoy nuestro Señor nos cuenta la historia de dos hijos. Su padre les pide que vayan a trabajar a la viña; el primero responde de un modo muy poco cortés y un tanto violento: "¡No quiero!". El otro, con palabras muy atentas y comedidas, dignas incluso de un caballero, le dice: "Voy, señor", pero no va. En cambio, el rebelde y “rezongón” se arrepiente y va a trabajar.

Escribe el Párroco: "Los primeros y los últimos"

La palabra de Dios es siempre salvadora, y también nos ayuda a rectificar haciéndonos notar que a veces nuestros juicios son torcidos y pobres.

En la parábola, el dueño de la viña es Dios, los jornaleros somos todos los hombres en las muy distintas situaciones y circunstancias de nuestra viada.

¡PERDONAR! Y, ...¿ESO MOLA?

Hoy, en el Evangelio, Pedro consulta a Jesús sobre un tema muy concreto que sigue albergado en el corazón de muchas personas: pregunta por el límite del perdón. La respuesta es que no existe dicho límite: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,22).

Escribe el Párroco: "El poder de atar y desatar"

“En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos”. Es e poder de atar y desatar. Así lo explica el catecismo: «las palabras atar y desatar significan: aquel a quien excluyáis de vuestra comunión, será excluido de la comunión con Dios; aquél a quien recibáis de nuevo en vuestra comunión, Dios lo acogerá también en la suya. La reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios».

Enlaces Parroquiales

Parroquia San Gines de Padriñan. Comunidad Parroquial.

"TRANSFORMANDO EL MUNDO HACIENDO IGLESIA"